En el corazón de los Llanos de Moxos en Bolivia, el pueblo de Altagracia, de herencia Baure, vive al ritmo del agua.

Ellos se reconocen como campesinos en un territorio ribereño conectado al Amazonas, donde las sabanas se inundan cada año.

El chocolate y el maíz siempre los acompañan en el centro de sus mesas.