Para la comunidad cimarrona de Pikin Slee, que vive en la orilla del río Surinam, la pesca es más que sustento: es un ritual cotidiano de escucha y paciencia.
Los cantos de las aves acompañan a los pescadores, son señales místicas que anuncian cuándo las aguas serán generosas y cuándo no conviene zarpar.