¿Cómo soñamos nuestras iniciativas de ají y meliponicultura en los próximos años?

Con esta pregunta, integrantes de las comunidades de Buenavista, Santa Cecilia y Jericó comenzaron un ejercicio para mirar hacia el futuro, pero también para reconocer lo que ya existe en su Territorio: conocimientos, prácticas, capacidades y desafíos alrededor de dos iniciativas que hoy forman parte de las dinámicas productivas del Resguardo Indígena Jericó-Consaya, en Solano, Caquetá.
El ají, cultivado principalmente por mujeres en chagras y solares, y la cría de abejas nativas sin aguijón son procesos que cuentan con una base comunitaria sobre la cual se sigue construyendo. Por eso, antes de definir nuevas acciones, el proyecto ConBosque propuso escuchar a quienes conocen y desarrollan estas actividades para comprender dónde están, cuáles son sus principales retos y hacia dónde quieren avanzar.
Durante dos jornadas, 42 personas —29 mujeres y 13 hombres— participaron en un diagnóstico construido a partir del diálogo y de herramientas como la cartografía social productiva, el árbol de problemas, el mapeo de actores y la priorización de necesidades. El análisis permitió mirar las dos iniciativas desde cuatro dimensiones: productiva, asociativa, administrativo-financiera y comercial.
Lo que el territorio ya tiene

Poner las iniciativas sobre el mapa permitió dimensionarlas.
En el caso del ají, las participantes señalaron en el mapa las chagras y solares donde mantienen sus cultivos. Este primer reconocimiento permitió registrar aproximadamente 469 plantas y variedades que la comunidad identifica como ají pajarita o ají de niño, ají china, ají chicheperro y ají charapita. Una diversidad que posteriormente deberá complementarse con su caracterización técnica y productiva.
El ejercicio también permitió mirar más allá del cultivo. Las mujeres reconstruyeron parte del recorrido que hace el ají desde la cosecha hasta convertirse en un producto listo para comercializar: secado, transformación, molienda, preparación de especias aromáticas y envasado. Actualmente, el producto llega principalmente a visitantes, personas de otros resguardos, eventos institucionales, algunos restaurantes de Solano y compradores al menudeo.
Con las abejas ocurrió algo similar. La cartografía permitió identificar 20 familias vinculadas a la meliponicultura y 144 colmenas distribuidas entre Jericó, Buenavista y Santa Cecilia. Más que una cifra, este reconocimiento permitió entender dónde se desarrolla la actividad y comenzar a identificar las condiciones necesarias para fortalecer su manejo y sostenibilidad.
Reconocer los desafíos para decidir hacia dónde avanzar
El diagnóstico también abrió un espacio para hablar de aquello que todavía dificulta la consolidación de estas iniciativas.
Las mujeres vinculadas al ají identificaron retos relacionados con la organización para la comercialización, la venta individual, el manejo de plagas y enfermedades, la calidad del producto, los registros de producción y la necesidad de conocer con mayor precisión los costos asociados a su transformación.
En meliponicultura aparecieron otros desafíos: mortalidad de colmenas, presencia de plagas, ataques de abeja limón, efectos asociados al cambio climático, dificultades para acceder a materiales, baja producción y la necesidad de caracterizar las especies de abejas nativas presentes en los meliponarios del territorio.
Pero identificar los problemas fue solo una parte del ejercicio. La comunidad también planteó alternativas.
Para el ají surgieron propuestas relacionadas con la planificación de la producción, el fortalecimiento organizativo de las mujeres, la comercialización colectiva, el registro de costos y ventas, la definición de estándares de calidad y un mayor posicionamiento del producto. En meliponicultura se plantearon acciones alrededor de la asistencia técnica, el cuidado y seguimiento de las colmenas, la formación, el registro de la producción, la caracterización de especies y la búsqueda de mejores condiciones para su comercialización.
Del diagnóstico a una ruta construida en comunidad

La información recogida no busca quedarse únicamente en carteleras, mapas o documentos. Los resultados serán un insumo para la construcción de un Plan de Fortalecimiento Comunitario que permita orientar las próximas acciones alrededor de ambas cadenas de valor.
El diagnóstico ya permitió establecer una primera ruta de compromisos entre la agencia ejecutora del proyecto, Amazon Conservation Team, y el Resguardo: desarrollar un ejercicio piloto alrededor del ají, avanzar en la caracterización de especies de abejas nativas, revisar aspectos relacionados con licenciamiento, gestionar procesos de formación y continuar organizando a las personas vinculadas a ambas iniciativas.
Así, la pregunta con la que comenzó el encuentro —cómo sueñan sus iniciativas en los próximos años— empieza a traducirse en decisiones concretas.
Fortalecer el ají y la meliponicultura implica partir de lo que las comunidades ya saben y hacen, reconocer las dificultades que encuentran en el camino y construir, desde allí, las condiciones para que estos procesos puedan crecer de manera organizada y sostenible en el territorio.