Quienes han crecido lejos de la tierra de sus ancestros como consecuencia del desplazamiento y las amenazas de reclutamiento forzado buscarán hacer uso de las sentencias de la Corte Constitucional para insistir en su reclamo por una tierra que les permita juntarse como pueblo.

Autora: Isabel González 

Sin territorio, los Wounaan ven vulnerados derechos como la alimentación, la vivienda y sus tradiciones.
Foto: Isabel González.

El taxi deja el centro de Quibdó en medio de la lluvia que no ha parado en horas. Desde la ventana se ven las fachadas marcadas con aerosol, son las marcas de un conflicto armado que no termina. El carro se detiene luego de atravesar una cancha de tierra que más parece la orilla de un río. En este pequeño caserío de madera viven desde hace 14 años algunas familias pertenecientes al pueblo Wounaan.   

Todavía hay poca gente afuera. Solo las parumas, telas de colores con las que se visten las mujeres, se asoman por las barandas, y los acordeones de un vallenato retumban desde el interior de una de las casas.   

Un hombre bajito y de sonrisa amplia sale a saludar.  

“Bienvenidos. Por la lluvia la gente se demora, pero vamos a esperar que vengan”, dice.   

Su nombre es Berlin Chamapuro y es el encargado de dinamizar la jornada de socialización de las sentencias de la Corte Constitucional, que fueron traducidas a woun meu y otras 25 lenguas nativas de comunidades indígenas colombianas como parte del proyecto Derechos en el Territorio, desarrollado por la Corte Constitucional en alianza con la organización Amazon Conservation Team (ACT). 

Las mujeres atraviesan la cancha con los pies descalzos y se cubren las largas cabelleras. Traen de la mano a sus hijos e hijas. Después de un rato el salón está lleno de personas que no tienen más de cuarenta años.  Algunas, incluso, son nacidas en Villa Nueva o llegaron allí en la infancia, luego de ser obligadas a desplazarse desde el Bajo San Juan.  

“Esa tierra allá es como algo que ya es borroso en la mente”, dice Yuniño. La historia de desarraigo se repite entre el grupo.  

Griseldino, al que todos en el salón se refieren como “Lingüística, cuenta que dios creó a los Wounaan con el barro de las playas del Baudó para acompañar a su hijo que se sentía solo. Desde ese momento, y por varios siglos, los Wounaan se movieron libremente por lo que consideraban su territorio, hasta que llegaron los grupos armados y la amenaza del reclutamiento forzado.  

“Soy desplazado. Mi familia fue desplazada”. Así comienzan todos a presentarse, incluido Yuniño Opua, actual gobernador de Villa Nueva.   

Yuniño tiene 26 años, lleva 20 en Quibdó y aunque a veces le dan ganas de regresar dice que su papá no lo deja porque teme que lo recluten los grupos armados.   

“Esa tierra allá es como algo que ya es borroso en la mente”, dice Yuniño.  

La historia de desarraigo se repite entre el grupo.  

Para el gobernador Yuniño Opua, comprender las sentencias abre nuevas posibilidades para reclamar un territorio colectivo.
Foto: Isabel González.

Un día llegó un señor y saludó. Me dijo que si no me iba con el grupo de ellos entonces tampoco podía vivir allá” recuerda Miriam, quien tiene 32 años y ha vivido más por fuera que dentro del territorio Wounaan. Para ella, la tierra en la que creció es un lugar imposible.  

Berlin también llegó a Quibdó cuando tenía apenas 10 años. Explica que al haber tantos Wounaan desplazados, el líder indígena Euclides Peña compró y entregó por 20 años el terreno en el que se conformó la comunidad de Villa Nueva, donde actualmente viven 112 personas.  

Para Miriam , la tierra en la que creció es un lugar imposible, ha vivido más por fuera que dentro del territorio Wounaan

“Cuando llegamos era un sufrimiento; aguantamos hambre. Llegamos a la calle porque no teníamos casa. En cambio, allá éramos ricos. Teníamos guagua, armadillo y chontaduro”, rememora Berlin.  

Han pasado 15 años desde entonces y él, al igual que Yuniño y Miriam, ven con preocupación que todavía no han logrado un reasentamiento de parte del Gobierno Nacional. Y es que asegurarse un territorio propio significa para esta comunidad la posibilidad de acceder a otros derechos que se les han negado, tales como la alimentación y la conservación de los lazos con su identidad y su cultura. 

Los jóvenes Wounaan enfrentan el reclutamiento forzado y el exilio de sus raíces.
Foto: Isabel González.

 

La lluvia sigue golpeando el techo de madera. Organizados por grupos se comentan en woun meu los cinco pronunciamientos hechos por la Corte Constitucional, que sirven de precedente para que comunidades como la de Villa Nueva puedan exigir jurídicamente el respeto a la diversidad, el autogobierno, el ambiente sano, los derechos bioculturales y, especialmente, al territorio.

En este ejercicio se da cuenta de las similitudes entre las acciones que han originado las decisiones de la Corte y la situación de comunidades como la suya. Pero la más parecida es la que recoge la Sentencia T-009 de 2013. Allí se relata la historia de la comunidad Sikuani Arizona-Cupepe, también desplazada en la década de los 70, que inició un largo proceso y trámites para la titulación de su territorio como resguardo.  

Volver no es una opción. Ya han renunciado al deseo de estar cerca del río en el que nacieron.

Como pueblo Wounaan buscan que se les garantice un lugar, aunque no sea el mismo de donde fueron expulsados por la guerra.  

“A nosotros nos faltan cinco años para que nos vuelvan a despojar”, anuncia Berlin.  

Ante el anuncio, el gobernador levanta la mano para hablar.  

“Compañeros, a veces desconocemos los derechos que tenemos y por eso no reclamamos, y conociendo las sentencias y compartiéndolas tenemos que encontrar una solución para que el Gobierno resuelva nuestra situación. Ahí hay un camino”, afirma Youniño.  

El sueño de la comunidad es encontrar un lugar donde puedan sembrar lo que son como pueblo Wounaan.
Foto: Isabel González.

Y es que volver no es una opción. Ya han renunciado al deseo de estar cerca del río en el que nacieron. Allí la guerra persiste y hasta el día de hoy los titulares de prensa siguen anunciando desplazamientos y confinamientos masivos. Por ahora, la comunidad de Villa Nueva se ilusiona con saber que existen herramientas jurídicas en las que se pueden apoyar para seguir reclamando ese lugar en el ojalá pronto puedan juntarse, echar raíces y rehacerse como pueblo.  

Conoce más del proyecto Derechos en el Territorio y las sentencias de la Corte Constitucional que fueron traducidas a 26 lenguas nativas en Colombia en https://derechosenelterritorio.com/   

Bio 
Isabel González Ramírez.  

Periodista y magíster en Antropología Visual. Produce contenidos y hace gestión cultural con enfoque de género y derechos humanos. Integrante de la red Chicas Poderosas y los colectivos Corredores Migratorios y Sentimos Diverso.