Por años la Asociación de Mujeres Indígenas “La Chagra de la Vida” (ASOMI) ha hecho de la defensa de los saberes ancestrales de los Pueblos Indígenas su tarea más importante. Con esta misión en mente, lanzaron su primer diplomado destinado a ayudar a profesores indígenas a mejorar sus procesos educativos. Esta es la historia de cómo lo lograron.
Autor: Mateo Medina Abad

El diplomado buscó fortalecer los saberes de docentes para mejorar los procesos de educación propia.
Foto: Camila Malaver – ACT.
Los españoles llegaron al continente americano en el siglo XV. Entonces la cruz y la espada fueron el mecanismo para colonizar cada pueblo que habitaba estas tierras. Colombia, con el paso del tiempo, se construyó con la biblia en una mano y el español en la otra. En toda América los pueblos originarios veían como se perdía su identidad, costumbres, lengua y, lo más importante, sus territorios ancestrales. Algunos para siempre.
En la actualidad, aunque cientos de Pueblos Indígenas mantienen su identidad, la amenaza sigue latente. La colonización solo se ha transformado con los años. “Abuela me contaba que los Padres Capuchinos llegaron al resguardo a educar con maltratos. No podían hablar inga, solo podían hablar español y por eso le tenía miedo a la escuela. Lloraba siempre”, recuerda Luz Merri Becer, sabedora del resguardo Inga El Yunguillo, sobre lo que tuvo que vivir su abuela y varias generaciones del pueblo Inga.
Como ella, cientos de familias indígenas tuvieron que ocultar su identidad y guardarla bien adentro. La evangelización, hecha en muchos casos desde las escuelas, no les permitía utilizar su lengua, sus atuendos, ni practicar los ritos que durante generaciones hicieron parte de sus culturas. Así, en algunos lugares de Colombia, la medicina ancestral, la chagra (huerta tradicional) y prácticas como el Yagé, atadas a la cosmología de los Pueblos Indígenas, desaparecían.

El diplomado brinda herramientas a docentes de distintos pueblos del país para reconocer sus saberes.
Foto: Camila Malaver – ACT.
Pero en medio de ese panorama, las comunidades entendieron que debían trabajar mano a mano, unidas por la defensa de su identidad, sus territorios y su cultura, como lo habían hecho siempre, incluso cuando no eran reconocidos en el país. Esta lucha, varias décadas después, tuvo un aliciente importante: en 1991 la Constitución reconoció el carácter pluriétnico y multicultural de Colombia, y con ese reconocimiento las comunidades recuperaron parte de su fuerza. Se les reconoció su mandato sobre su territorio, sus modos de vida y su cultura.
Colombia, con el paso del tiempo, se construyó con la biblia en una mano y el español en la otra. En toda América los pueblos originarios veían como se perdía su identidad, costumbres, lengua y, lo más importante, sus territorios ancestrales. Algunos para siempre.
ASOMI da respuesta a esta problemática
Fue así como, luego de años de trabajo en cada una de sus comunidades, las madres sabedoras de la Amazonía fundaron en 2004 la Asociación de Mujeres Indígenas “La Chagra de la Vida” (ASOMI). Una asociación de mujeres sabedoras y aprendices de la medicina tradicional pertenecientes a cinco Pueblos Indígenas del piedemonte amazónico (Inga, Kamëntsá, Siona, Kofán y Koreguaje). Su intención era clara: cuidar los saberes ancestrales que, por generaciones, habían estado en sus familias.
La misión de ASOMI y de cada una de las mujeres que hacen parte de la organización es el fortalecimiento de la medicina indígena, el rescate de la chagra medicinal y el reconocimiento del trabajo de las mujeres de la Amazonía colombiana. Además buscan exaltar la relación mujer-naturaleza-vida, la constante de trabajo como base de todo, y el cuidado, manejo y preservación del medio ambiente, procurando la salud integral de la humanidad. Con esta misión ASOMI ha trabajado por más de quince años, pero saben que no es suficiente.
“De la formación desde la escuela de nuestros niños, niñas y jóvenes depende la transmisión de conocimientos. La educación propia fortalece nuestros modelos organizativos, nuestra identidad”, dice Ana María Muchavisoy, profesora de la Institución Etnoeducativa Rural Bilingüe Artesanal Kamëntsá. En esta escuela decenas de estudiantes parte del pueblo kamëntsá, del Valle de Sibundoy (Putumayo), aprenden sobre su cultura, su lengua y las prácticas ancestrales de su comunidad. El colegio hace parte de una larga lista de insituciones etnoeductivas donde, además de los currículums establecidos por el Ministerio de Educación, se dictan clases en temas como artesanía, chagra y medicina ancestral.
Estas insituciones hacen parte de una política estatal con la que se busca defender estos conocimientos ancestrales y las comunidades. Pero, por más que existan currículums montados, profesores indígenas y que las prácticas de evangelización a través de la escuela hayan ido desapareciendo, faltan más herramientas para los profesores, las escuelas y sus alumnos, que hoy por hoy no tienen referentes propios de sus pueblos en la educación que reciben.

El diplomado buscó fortalecer los saberes tradicionales de docentes para mejorar los procesos de educación propia.
Foto: Camila Malaver – ACT.
“La etnoeducación no resolvió los problemas de la educación propia porque era una mirada más del centro, desde Bogotá, desde el Gobierno, que tiene que ver con el proceso de homogeneización de la educación formal—explica Enyel Rodríguez, profesional en Educación de Amazon Conservation Team—. Hoy en día ya se viene dando un proceso muy importante con el que se busca salir de ese esquema y consolidar el Sistema de Educación Indígena Propio (SEIP); se pretende entender la educación desde lo propio para dialogar con lo de afuera”.
Este proceso es muy importante, pues busca que a partir de referentes propios de cada pueblo se pueda abordar la educación tradicional. “Durante mucho tiempo nos basamos en textos del Ministerio de Educación, y no teníamos referentes propios en esos libros. No se veían nuestros nombres, nuestra cultura. No se habla de los Mayores o las Mamitas sabedoras”, explica Ana María. Fue en este contexto que ASOMI, al reconocer que su misión era la defensa de su cultura, decidiría lanzar el diplomado, de la mano del equipo de la ONG Amazon Conservation Team (ACT). Su intensión: formar a formadores.
Un diplomado para seguir con el legado de los Pueblos Indígenas
“Para nosotras, en la creación del diplomado, fue muy importante resaltar la labor que cumplen los docentes, reconocer lo que significan para el alumno y pensar cómo ayudarlos. Los primeros años son claves para adquirir herramientas que se usarán a lo largo de la vida—dice Paola Chindoy, sabedora del pueblo kamëntsá y mamita en ASOMI—. Entonces decidimos formar a los formadores, porque ellos cumplen un papel fundamental en cimentar nuestra identidad indígena en los primeros años de los estudiantes”.
La misión de ASOMI y de cada una de las mujeres que hacen parte de la organización es el fortalecimiento de la medicina indígena, el rescate de la chagra medicinal y el reconocimiento del trabajo de las mujeres de la Amazonía colombiana.
Para estas mujeres que, con apoyo de ACT han estructurado el diplomado, lo más importante era preguntarse por el origen. “Volver al origen nos da fuerza. Nos motiva. Porque preguntarnos por ese origen hace que nos reconozcamos desde nuestra identidad. Desde la madre tierra, la naturaleza, el suelo, el aire, todo lo que nos hace indígenas”, explica Ana María.
A partir de esa idea, en un proceso que tomó varios meses, la asociación diseñó un plan con el que ayudarían a profesores al interior de seis instituciones etnoeducativas a crear sus planes de estudio, cartillas, entre otros recursos para estandarizar los procesos y mejorar la transmisión de conocimientos.

El diplomado resalta la importancia de los saberes propios en el fortalecimiento de la educación propia.
Foto: Camila Malaver – ACT.
“Vamos a sembrar una semilla que va a quedar en el tiempo, donde esos conocimientos que tienen las mamitas, los sabedores y los abuelos de cada pueblo puedan preservarse en los profesores, sus alumnos y familias”, explica Luz Merri Becer. Esa semilla será la que, durante el diplomado, permitirá a decenas de profesores formarse para poder seguir cultivando la cultura de sus pueblos y su identidad en sus alumnos. Hoy más que nunca, las mujeres que hacen parte de ASOMI tienen claro que deben luchar para que el legado de todas las madres fundadoras permanezca en el tiempo. Sobre todo, porque entre 2020 y 2021 cinco madres trascendieron al mundo espiritual.
“Es fundamental preguntarnos por nuestra relación con la madre tierra. Con nuestro territorio. Nosotras surgimos de él y, al final de nuestro ciclo, allá volvemos—explica Paola Chindoy—. La responsabilidad de cuidar esos saberes hoy es más grande. Cada vez que parte una sabedora es una biblioteca de conocimiento que se pierde. Si no cuidamos esos saberes vamos a lamentarnos por no haber cultivado este conocimiento de nuestras mamitas, taitas y sabedoras en los más jóvenes. Es el legado de nuestros mayores y lo debemos transmitir a otros”. Con este diplomado ASOMI sigue su camino en la lucha por cuidar los saberes ancestrales de sus pueblos.
Para estas mujeres que, con apoyo de ACT han estructurado el diplomado, lo más importante era preguntarse por el origen. “Volver al origen nos da fuerza. Nos motiva. Porque preguntarnos por ese origen hace que nos reconozcamos desde nuestra identidad. Desde la madre tierra, la naturaleza, el suelo, el aire, todo lo que nos hace indígenas”.