La historia del coraje del pueblo inga, a casi dos décadas de cumplirse la declaratoria de la creación del área protegida Alto Fragua Indi Wasi, es un hito sin precedentes en los procesos de conservación en el mundo.
Autora: Carolina Gil

Crédito: Amazon Conservation Team
En el V Congreso Mundial de Áreas Protegidas que se celebró en Durban (Sudáfrica) en el 2003, más de 3.000 participantes de 157 países afirmaron que comenzaba una nueva era. En ese momento llamaron la atención sobre la importancia de reconciliar sus acciones con las de las comunidades locales, reconociendo el papel de los pueblos indígenas y tribales en la conservación de los ecosistemas terrestres y marinos vitales para el bienestar de todo el planeta.
Este paso significó abrir la puerta a la reflexión del legado de años de políticas de conservación y declaratoria de áreas protegidas de manera excluyente e impositiva, bajo la doctrina terra nullis, alejadas de la realidad de las comunidades locales y con grandes pasivos de justicia ambiental y reparto equitativo de cargas.
Una década antes de este evento, en Colombia, particularmente a partir de la Constitución de 1991, se sentaron las bases para introducir cambios sustanciales en el manejo de áreas protegidas, desde una visión de gestión participativa en la conservación, que contempló lineamientos para el manejo conjunto y compartido con las comunidades locales, particularmente pueblos indígenas y afrodescendientes.
A partir de la Constitución de 1991, se sentaron las bases para introducir cambios sustanciales en el manejo de áreas protegidas.
En 1996 Amazon Conservation Team (ACT), inspirados por el legado del etnobotánico Richard Evan Shultes, quien en sus viajes a la selva amazónica se acercó al extraordinario mundo de los chamanes y las plantas sagradas, iniciamos nuestro trabajo en el Piedemonte Andino-Amazónico en Colombia, uno de los ecosistemas más diversos en el mundo.

Crédito: Amazon Conservation Team
Desde una mirada más amplia a la etnobotánica, el equipo entendió la importancia de integrar y reconocer en la conservación el conocimiento indígena ―menos tangible quizás― relacionado con los vínculos espirituales, las voces de la selva, las formas y los enfoques consuetudinarios que tienen que ver con la tierra y el territorio.
Teniendo en cuenta esta realidad, y bajo la orientación de los médicos y sabedoras tradicionales de los cinco pueblos indígenas del yagé: Inga, Siona, Kofán, Koreguaje y Kamëntsá, apoyamos la conformación de la Unión de Médicos Indígenas Yageceros de la Amazonía Colombiana (UMIYAC) y de la Asociación del Pueblo Inga del Caquetá Tandachiridu Inganokuna, quienes impulsaron la creación del Parque Natural Nacional Alto Fragua Indi Wasi (PNNAFIW), área protegida pionera bajo este enfoque de conservación.
Nukanchipa Alpa Indi Wasi – “Nuestra Tierra La Casa del Sol”, declaratoria de un área protegida, pionera en Colombia y en el mundo.
“Para nosotros la palabra ‘parque’ no abarca todo lo que significa el territorio; no refleja la medicina, los espíritus, la cacería o los salados. Nosotros queríamos desde un comienzo usar la palabra Nukanchipa Alpa, que significa ‘Nuestra Tierra’. Porque ‘parque’ para nosotros es la plaza central de un pueblo. En otras palabras, aunque en nuestra lengua no existe la palabra ‘conservación’, esta palabra podría tener sentido si se hacía en Nukanchipa Alpa. La conservación para los blancos se hace en un parque”, los Inga del Caquetá.
“Para nosotros la palabra ‘parque’ no abarca todo lo que significa el territorio; no refleja la medicina, los espíritus, la cacería o los salados. Nosotros queríamos desde un comienzo usar la palabra Nukanchipa Alpa, que significa Nuestra Tierra”.
El camino hacia la declaratoria fue complejo, incorporó nuevas formas de diálogo y puentes para acercar la visión indígena y la occidental, generando confianza y superando la mirada colonialista. Fueron precisamente los Ingas quienes lideraron la creación del área protegida, rompiendo el viejo esquema de áreas impuestas desde el nivel central.
Este proceso, que se gestó desde 1986, recibió su impulso una década después con la firma de un convenio entre ACT, el Ministerio de Medio Ambiente, Parques Nacionales Naturales y la Asociación de Cabildos Tandachiridu Inganokuna.
Este trabajo conjunto logró establecer un área especial de conservación y manejo en la región del río Fragua (Caquetá) que culminó con la declaratoria de 72.670 hectáreas bajo la figura de área protegida en el año 2002. Esto fue un acto pionero en el país porque:
- Fue la primera declaración solicitada y promovida por un pueblo indígena para la protección de su territorio ancestral.
- Reconoció la importancia de la conservación, más allá de criterios biológicos, integrando dentro de los objetivos de conservación aspectos culturales.
- Introdujo una nueva figura para la gestión de áreas protegidas con el co-manejo entre Parques Nacionales Naturales y la Asociación Tradicional de Autoridades Indígenas Tandachiridu Inganokuna.

Crédito: Amazon Conservation Team
Con esto se dio cumplimiento al mandato de Taitas y Curacas: proteger su territorio ancestral, sitios sagrados y todo el sustrato relacionado con la cultura del yagé, “Rey de la Selva”, frente a la amenaza de la industria extractiva del petróleo, los cultivos de uso ilícito, la expansión de la frontera agropecuaria, entre otros.
Hoy, las 72.670 hectáreas protegidas que conforman el PNN AFIW están conectadas con tres de los cinco resguardos de la Asociación Tandachiridu Inganokuna, quienes siguen estableciendo alianzas para la protección de este paisaje diverso con las comunidades campesinas y otros pueblos indígenas. Además, gracias a esta declaratoria se marcó el camino para otras áreas protegidas bajo el principio de reconocimiento de las comunidades étnicas como guardianes ancestrales del territorio.
Esta historia, que tiene que contarse muchas veces, representa tanto el coraje del pueblo Inga del Caquetá (pionero en la defensa del territorio) como de quienes en ACT, el Ministerio de Ambiente y Parques Nacionales lideraron el cambio de enfoque y cambiaron la perspectiva para entender a estas poblaciones.
Además, fue el punto de partida para la declaratoria de otras áreas protegidas bajo el principio del reconocimiento como “guardianes de la naturaleza” de las comunidades étnicas. Hoy, casi 20 años después, en el marco de la justicia ambiental efectiva, deberían ser estas quienes lideren y gestionen directamente la administración de Nukanchipa Alpa Indiwasi, su territorio.
Representa tanto el coraje del pueblo Inga del Caquetá (pionero en la defensa del territorio) como de quienes en ACT, el Ministerio de Ambiente y Parques Nacionales lideraron el cambio de enfoque y cambiaron la perspectiva para entender a estas poblaciones.
Carolina Gil
Directora Programa Noroeste Amazonas, en memoria de quienes lideraron y siguen impulsando este proceso.